13 Mentiras de la ciencia
Curiosidades

13 Mentiras de la ciencia

1. ¿Los ciempiés tienen cien patas?

Parece ser que nunca ha aparecido un ejemplar que tenga ese número exacto. De hecho, la cantidad de patas varía entre 15 y 191 pares.

2. ¿Los avestruces no entierran su cabeza ante el peligro?

Fue el historiador romano Plinio, el primer viajero que vio a estos animales y quien creó este mito. Pero en realidad, lo que hacen no es ocultarse de los intrusos, sino cavar con sus picos los hoyos que servirán de nidos para sus huevos.

3. ¿Existen más de tres estados de la materia?

Todos aprendimos en el colegio aquello de sólido, líquido y gaseoso. Pero nos rompieron los esquemas cuando los científicos descubrieron un cuarto: el plasma. Actualmente hay quince estados, sumando a los ya conocidos otros de nombre rimbombante, como perfil de ionosfera, condensado de Bose-Einstein. Aunque algunos de ellos solo se han detectado en condiciones experimentales extremas.

4. ¿Cuál es el país en el que viven más tigres de bengala?

La India parece una respuesta evidente, pero no es correcta. Hace un siglo, en la patria de Gandhi podían vivir 40.000 ejemplares, pero actualmente solo quedan unos 4.700. Sin embargo, Estados Unidos se ha convertido en la nueva patria de este depredador, ya que unos 12.000 tigres viven repartidos entre los zoos públicos y privados.

5. Marte no es de color rojo

Podría ser marrón, naranja o amarillo, porque realmente aún desconocemos el auténtico color de su superficie. Lo que sí se sabe es que el aspecto rojizo que presenta al verlo por el telescopio se debe a la acumulación de polvo en su atmósfera.

6. Dormir rodeado de plantas no es peligroso

De noche, los vegetales consumen oxígeno y liberan anhídrido carbónico, que es perjudicial para la salud. Pero lo hacen en cantidades tan pequeñas que habría que dormir rodeados de un auténtico vergel y en una estancia herméticamente sellada para que fuera nocivo.

7. Graham Bell no inventó el teléfono

Fue el italiano Antonio Meucci quien, en 1870, instaló un dispositivo de telecomunicaciones entre el sótano y el dormitorio de su casa de Nueva York. Presentó una solicitud de patente, pero la perdió al no poder pagarla. Finalmente, Bell perfeccionó el invento y lo patentó. Pese a eso, el Congreso de EEUU aprobó en 2002 una resolución que reconocía a Meucci como “padre” del teléfono.

 

8. El champán es ¡Alemán!

Aunque se atribuye su invención al monje francés Dom Perignon, lo cierto es que un siglo antes los burgundios, un pueblo germano, ya conocían esta bebida. Fueron ellos quienes la llevaron a Francia. Eso sí, a fray Perignon le corresponde el mérito de haberla refinado.

9. ¿Los camellos vinieron de américa?

Ni del Sahara, ni de Asia. Los fósiles aparecidos en el desierto de Sonora (Arizona) demuestran que los camélidos proceden del actual territorio de EEUU y que emigraron a Eurasia por el estrecho de Bering. Los primitivos camellos americanos tenían el tamaño de ovejas y se extinguieron hace 13.000 años, víctimas de una glaciación.

10. ¿Tenemos menos cerebro que una hormiga?

Si lo medimos en relación a nuestros respectivos tamaños, la verdad es que este insecto nos gana por goleada. Su cerebro solo pesa 0,3 mg, pero representa casi el 6% de su peso total, mientras que el humano, aunque ronda los 2 kg, equivale al 2% del total. Pero ellas solo tienen medio millón de neuronas, y nosotros llegamos a los 15.000 millones.

 

11. El Everest no es la montaña más alta del mundo

La mítica cima tibetana mide “solo” 8.848 m. Poco, si lo comparamos con el Mauna Kea, un volcán hawaiano que emerge en medio del Pacífico. Sobre el nivel del mar sobresalen 4.205 m, pero la mayor parte de su estructura (6.000 m) se oculta bajo el agua. Por eso, su altura total medida desde su base submarina es de 10.205 m. Casi 2.000 más que el Everest.

12. Marco Polo nació en territorio croata y no en la ciudad de los canales.

Vino al mundo en la isla de Korchula, que pertenece a Croacia, aunque en su época estaba ocupada por tropas al servicio de Venecia.

13. Un día real dura más de 24 horas.

La ciencia ha acuñado como medida de tiempo una unidad artificial llamada “día solar medio”, cuya duración, efectivamente es siempre de 24 horas. Pero la duración de lo llamado un “día solar verdadero” por los astrónomos varía a lo largo del año, y puede llegar a alcanzar las 24 h y 4 minutos.

 

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